Hace poco recibimos una extraña sentencia, donde lo extraño, era precisamente que la resolución en cuestión fuera una sentencia. Se trataba de un juicio de faltas en el que el denunciante había retirado la denuncia. No hay por tanto acusación, no hay pretensiones deducidas, no hay pruebas que valorar, pero hay sentencia.
En el mismo procedimiento encontramos alguna otra curiosidad procesal. Presentada la denuncia, el juez dicta auto por el que abre diligencias previas y, a la vez, sobreseimiento provisional. A los cuatro días acuerda la reapertura del asunto como diligencias previas, adoptando medidas para averiguar la identidad de los presuntos culpables. Identificados los culpables (un par de años después), auto de transformación en juicio de faltas. Por último, señalamiento de juicio, que no se celebra, pero acaba en sentencia. Hay que reconocer la creatividad procesal.
Los módulos que fijan la retribución variable de los jueces en ocasiones puede ayudar a comprender algunos giros procesales cuanto menos anómalos. Quizá también en este caso. Sobre este asunto, por cierto, imprescindible el artículo publicado en Indret de Gabriel Doménech Pascua “La perniciosa influencia de las retribuciones variables de los jueces sobre el sentido de sus decisiones”
